Me dedico al mundo de la música porque en el año 84 mi madre fue a regalarle un disco de Paul McCartney a mi primo. Este se lo tiró a la cara y dijo que no quería eso, que a él le molaban Los Ilegales. El disco acabó en mi casa.
Puse el vinilo y me volví loco perdido con Paul.
En el 87 me compré el «All The Best» en Galerías Preciados de Alicante. Ahí estaba «Live and Let Die», que Paul había escrito para una peli de James Bond del año 73.
En el 91 Guns N’ Roses sacaron ese mismo tema en el disco «Use Your Illusion I» y les flipaba a los más malotes de la clase.
Maldita la hora en que se me ocurrió decir que esa canción la había escrito McCartney. Me desterraron al universo de los frikis, a tierra de nadie, me acusaron de estar inventándomelo todo.
Sin Google, sin Wikipedia, sin Arrakis, sin IA, sin módem de pitidos, sin nada. Era mi palabra contra la de los malotes. No tenía mucho que hacer. Imposible para ellos y sus chaquetas de aviador reconocer que ese temazo lo había escrito un Beatle.
Decir la verdad, soltar el dato correcto tenía un alto precio en el entramado jerárquico de aquella clase. El mismo precio que los que juraban haber visto lo de Ricky Martin y la mermelada en Sorpresa Sorpresa, que aseguraban que su primo lo tenía grabado en un VHS.
Pero eso ya para otro día…